Exposición MAD · Del 5 al 28 de agosto, 2026
Entre el cielo
y
la tierra
Ana Masias · Exposición
Del 5 al 28 de agosto, 2026
Entre el cielo y la tierra también estás tú.
Selección de obras
Obras en exposición
Texto Curatorial
La pintura como territorio de la memoria y el tiempo
Por Chris Luza y Ana Masías
Toda pintura es una negociación con el tiempo. Antes de materializarse, esta es una acumulación de decisiones, rectificaciones, dudas y permanencias que se sobreponen en un soporte hasta constituir una forma visible. Una pintura registra un instante irrepetible del pensamiento y del cuerpo del artista. Pintar supone, por tanto, enfrentarse a una temporalidad compleja: aquella en la que el gesto presente convive con el pasado de las imágenes que la nutren y con la posibilidad de futuras interpretaciones. En este sentido, la pintura no sería un mero acontecimiento; constituye un espacio donde el tiempo adquiere materialidad. La exposición Entre el cielo y la tierra parte de esa condición. Lejos de plantear un relato documental o una reconstrucción histórica de conflictos específicos, las obras reunidas construyen un universo visual donde distintas memorias parecen superponerse sin llegar nunca a resolverse. Sus personajes, arquitecturas y paisajes remiten a acontecimientos reconocibles, pero permanecen deliberadamente abiertos, suspendidos entre la evocación y la incertidumbre. Lo que emerge no es una narración cerrada, sino abierta, en imágenes que invitan al espectador a crear relaciones desde su propia experiencia, memoria, historia e imaginación.
Esta condición abierta de la pintura encuentra un antecedente filosófico en la reflexión de Maurice Merleau-Ponty, en su ensayo La duda de Cézanne (1945). Para él, pintar no consiste en ilustrar una idea, sino en descubrir pintando una forma de hacer visible aquello que todavía no posee una formulación definitiva. La pintura aparece como un proceso de conocimiento y no como la mera representación de la realidad exterior. Por otro lado, David Joselit piensa la pintura desde las condiciones contemporáneas de circulación de las imágenes. En Marcando, anotando, guardando y especulando (en el tiempo) (2016), el autor sostiene que la pintura contemporánea ya no puede entenderse únicamente como un objeto autónomo, sino como un nodo dentro de redes mucho más amplias de producción, archivo y circulación visual. Estas dejan de existir únicamente sobre un lienzo, para desplazarse continuamente entre museos, plataformas digitales, archivos fotográficos, dispositivos móviles y memorias individuales. Hoy sabemos que, probablemente, una obra será fotografiada, compartida, almacenada y reproducida innumerables veces. En consecuencia, la pintura contemporánea participa simultáneamente de dos temporalidades: la duración material inscrita en el trabajo del pintor y la velocidad con que las imágenes circulan en la cultura digital. Joselit señala que vivimos inmersos en una economía visual donde las imágenes ya no existen como objetos aislados, sino como elementos que circulan y adquieren nuevos significados a medida que atraviesan diferentes redes de distribución. Sin embargo, frente a la velocidad con la que estas imágenes aparecen y desaparecen en los dispositivos digitales, la pintura propone otra temporalidad: una experiencia más lenta, donde mirar implica permanecer.
La producción de Masías podría dialogar con las condiciones planteadas por estos autores. Algunas de sus composiciones parecen construirse precisamente desde una acumulación heterogénea de memorias visuales. Son referencias reorganizadas para producir nuevas relaciones afectivas. Aunque muchas de las imágenes evocan escenarios asociados con la guerra, el desplazamiento o la ruina, no pretenden describir acontecimientos específicos. Georges Didi-Huberman señaló que las imágenes poseen la capacidad de sobrevivir a los contextos que las originaron y establecer relaciones inesperadas con otras imágenes procedentes de tiempos distintos. La historia visual no avanza de manera lineal; se construye mediante supervivencias, desplazamientos y reconfiguraciones constantes.
La pintura aparece como una forma de conocimiento capaz de reunir aquello que la velocidad de la cultura visual contemporánea suele dispersar: el tiempo de la contemplación, la persistencia de la memoria y la posibilidad de establecer vínculos afectivos con imágenes que, aun procediendo de contextos distantes, continúan interrogando nuestra propia experiencia. En un momento histórico marcado por la circulación masiva de información y por la rápida obsolescencia de las imágenes, Entre el cielo y la tierra reivindica la capacidad de la pintura para producir una experiencia distinta del tiempo. La muestra brinda escenas que no pertenecen enteramente al pasado ni al presente; existen en un espacio intermedio donde la memoria, la imaginación y la experiencia contemporánea se entrelazan. Es un espacio intermedio, que no se trata únicamente de una referencia espacial o metafórica, sino de una condición ontológica. El «entre» designa un territorio donde ninguna identidad permanece completamente estable: entre la vida y la muerte, la presencia y la ausencia, la memoria y el olvido, el documento y la ficción, el pasado y el futuro, la esperanza y la pérdida, la construcción y la destrucción, la permanencia y el cambio, la violencia y el amor, el espacio que habitamos y el que no. Es en ese intervalo donde la pintura adquiere la capacidad de formular preguntas.
Referencias
- Didi-Huberman, G. (2018). Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes. Adriana Hidalgo Editora.
- Joselit, D. (2016). Marking, annotating, storing and speculating (on time). En Painting 2.0: Expression in the Information Age. Museum Brandhorst.
- Merleau-Ponty, M. (2013). La duda de Cézanne. En Sentido y sinsentido (obra original publicada en 1945).
- Rancière, J. (2010). El espectador emancipado. Manantial.
Entrevista previa a la exposición
Ana Masias reflexiona sobre su proceso creativo, su relación con el color y la importancia de la memoria y la resistencia en su obra reciente.