ANA MASIAS
El sol se puso sobre nuestras promesas
Quizás sea la intensidad de los vínculos humanos durante los desacuerdos. En el centro, una mujer herida con vestido de gala, se erige como una figura cargada de desolación, mientras un hombre en penumbra le da la espalda. La escena se sitúa en un atardecer ocre, contaminado, sobre los restos de una ciudad. El sol se apaga sobre las promesas hechas. La mujer, bajo una luz blanca, pese a la herida visible, sostiene una mirada firme hacia el horizonte, frente a la traición y el abandono.
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Veo bosques y estrellas. Una voz amable me consuela, a mí, diminuta bajo el cielo altísimo, olvidadiza y pocas veces triste, marchando bajo el ancho cielo. Si alguien quisiera mimarme, no sabría ya comprenderme, llevo el corazón enterrado, camino porque llevo botas y me he olvidado de todo, excepto de caminar.
¿O es que no hay flores en el horizonte y un paisaje tan plácido donde pueda sentarme a llorar?
Adaptado de José María Remarque
El sol se puso sobre nuestras promesas explora la intensidad de los vínculos humanos durante los desacuerdos. En el centro, una mujer herida con vestido de gala, se erige como una figura cargada de desolación y pesadumbre, mientras un hombre en penumbra le da la espalda. La escena se sitúa en un atardecer ocre, contaminado, sobre los restos de una ciudad. La luz y el entorno en ocres y naranjas sugieren la tensión en lo que alguna vez fue un pacto afectivo o social, reforzando la metáfora de un sol que se apaga sobre las promesas hechas. La mujer, bajo una luz de reflector blanco, y pese a la herida visible, sostiene una mirada firme hacia el horizonte, representando resistencia frente a la traición y el abandono.